Bruno nació a las 21.40 del lunes 31 de mayo de 2010. Tenía 30 semanas de gestación y ningún plan de nacer.
En el momento en que nació me lo mostraron y se lo llevaron corriendo. Creo que Diego fue detrás de los médicos, no recuerdo bien la situación. A mí me mandaron a terapia intensiva, donde estuve dos días por riesgo de convulsiones derivadas de la hipertensión.
Bruno fue directamente a la cuna de shock. Antes de que un bebé prematuro pase a la incubadora, debe estar en una cuna descubierta por el tiempo en que se encuentre en grave riesgo. La incubadora tradicional, cerrada, impediría las técnicas de reanimación necesarias.
En algún momento, Diego pudo hablar con el neonatólogo de turno que le dio un diagnóstico que aún perdura en la memoria familiar. Era un cordobés medio bestia que le dijo: tu bebé venía así (e hizo un gesto de izquierda a derecha bien derechito) pero ahora está así (e hizo un gesto de izquierda a derecha que empezó arriba y siguió muy abajo). Diego siempre dice que para él, esa mano no terminaba nunca de bajar.
Lo que le estaba pasando a nuestro bebito de 2.100 kg (enorme para las 30 semanas en panza que tenía) es que estaba teniendo los primeros síntomas de su primera enfermedad, la membrana hialina.
Por esa enfermedad pudo tener muchas complicaciones posteriores, desde problemas respiratorios crónicos, hemorragia cerebral, hemorragia pulmonar, hasta retraso mental severo y ceguera. Gracias a Dios (y les aseguro que me dediqué a rezar como nunca lo había hecho en mi vida durante todo el tiempo de internación en neo) mi hijo, lo único que tiene ahora es una tendencia a hacer broncoespasmos un poco más marcada que cualquier hijo de vecino que va a guardería y respira todos los bichitos de sus compañeros.
En algún momento de esa noche a Diego le permitieron entrar a verlo a neonatología. Conoció a nuestro hijo unas dos horas después de nacer. Ya tenía respirador, saturómetro (que mide el oxígeno en sangre), lámpara, monitores cardíacos y suerito. Tenía más cables que edificio.
En ese momento, le sacó una foto, para que yo pudiera verlo y "no te asustes cuando lo conozcas".
Y me dijo algo cuando lo dejaron verme en terapia, que entendí cuando, dos días después, me paré frente a su cuna: "Paula, estoy enamorado, me enamoré de mi hijo".
Esta fue la primera foto de Bruno, la que Diego me mostró en la cámara, pocas horas después de su nacimiento:
