viernes, octubre 07, 2011

La preeclampsia

Y después del Evatest vinieron probablemente los meses más felices y distendidos de mi vida. Estaba embarazada y me encantaba estarlo. Me sentía plena, sana, llena de fuerzas y alegría. Diego era el hombre más feliz del mundo, mis padres estaban emocionadísimos. Todo era alegría.
Vinieron las ecografías y los estudios, enterarnos de que era varón, elegir el nombre, la ecografía 3D y verle la carita.
Todo iba bien. Todo iba perfectamente bien.
El 31 de mayo me levanté como todos los días para ir a trabajar. Al mediodía me dolía un poco la cabeza así que volví a mi casa. Dos horas más tarde llamé a la emergencia porque seguía con jaqueca.
Me tomaron la presión y llamaron a una ambulancia. Tenía 17 de presión.
En la ambulancia la presión llegó a 19 y empecé a tener dormido el brazo derecho.
En el shock room la presión llegó a 24.
Me preguntaron quién era mi obstetra y estuvo ahí a la media hora. Me miró fijo y me dijo que estaba por ser mamá. Si no me hacían la cesárea Bruno y yo corríamos serio peligro de vida.
Me dieron anticonvulsivos y me metieron de prepo al quirófano. Peridural y cesárea. No me dieron tiempo ni de acostumbrarme a la idea. Una palabra nueva: Preeclampsia

Mientras tanto, había llegado mi familia. Diego estaba conmigo desde el momento en que subí a la ambulancia y cuenta la leyenda que cuando salió a contarle a mis padres que iban a hacerme cesárea se abrazó con mi papá y lloraron los dos, muertos de miedo.

Después, entró conmigo al quirófano y vio salir de mi un pequeño bollito. Yo sólo atiné a ver que era muy muy blanco y que en las encías se le veían los lugares donde iba a tener los dientes.
Diego lo vio mejor que yo.

Bruno tenía 30 semanas de gestación y no estaba preparado para sobrevivir fuera de mí por sí solo.

3 comentarios:

cristinassss dijo...

rebienvenida a la reblogosfera, recris! la leo desde los tiempos de haloscan, mire vea. abrazo!

Cristina Daae dijo...

Beso, cris.

Ashiku dijo...

Ay, qué joda te tocó, nena. Eso hay que vivirlo, eh, qué distinto se ve todo después de un experiencia así. Están la vida y la muerte ahí rodeándonos, y nosotras y nuestro bebé, solitos, mirándola de frente.